
Todos deberíamos cruzar más a menudo el puente que nos lleva al otro lado y descubrir cómo son las nuevas avenidas de la vida; cuestionarnos sobre el destino, sobre nosotros mismos, sobre el azar, el factor suerte, o sobre las personas y las cosas que se sostienen misteriosamente a nuestro alrededor sin las cuales no somos nada, o más allá y nos descubren otras realidades diferentes a la nuestra. Éste es el privilegio que, de alguna manera, tiene que compensar la otra injusta cara de la "mundi-moneda".
La receta dice que para que algo nos vaya bien se necesita fe; creo que me la enseñaron desde pequeña. Años después, aún pegada al suelo, comprendí el tipo de fe al que necesitaba aferrarme: - "Por momentos contados, tú también te sentirás iluminada, farola y brújula, con las retinas impregnadas de miradas, situaciones e ilusiones que habitan en otros rincones del planeta, con deseos de mirar más allá de tu ombligo y embarcarte en proyectos que nacen desde esa sensación naturalmente generosa de ayudar a otros seres menos afortunados en condiciones y modos de vida."
A menudo vivo tan intensamente que otras vidas aprehendidas se asoman por alguno de mis puntos cardinales suspensivos. Como las de Iñaqui, Sergio y Ana (deliciosos seres que han abanderado el proyecto en la India) y las de otros integrantes de entretodos que de forma voluntaria quieren aportar su granito de arena y están trabajando e implicándose desde España, para mejorar la calidad de vida en algunas comunidades rurales de la India.
Y lo más bonito es que sabemos que también, desde este otro lado, todos podemos ofrecer la mano, el abrazo, el beso o la mirada más pura y sencilla, incluso la que deja ver todas las lagunas y los desiertos que ya forman parte del camino, pero también nuestros bolsillos, esos que pueden conseguir que otros seres humanos que habitan en otro continente en condiciones más adversas y situación más desfavorecida, puedan ser un poco más dichosos y disfruten de una vida más plena.
Pero insisto, hay momentos tan intensos que incluso pueden saltar chispas al tocarlos y al tocarnos, como en el inolvidable encuentro en Cenicientos, con la asistencia de muchos interesados, colaboradores, cooperantes y socios de nuestra ONGD-Organización No Gubernamental de Desarrollo- hace apenas dos meses.
Tras lo allí vivido, uno puede esbozar una sonrisa y decir: "bienvenidos sean siempre esos brazos solidarios y esos lugares en los que gestamos nuestros mejores propósitos y compromisos"...
Elisa
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sábado, 1 de diciembre de 2007
Desde el otro lado
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